MISIONES
Eduardo Otero.- (19 años – Agrupado Mariano)
“… lo único que yo hacía era seguir la invitación del Señor, de llevar un poco más de esperanza a tantas personas tan hambrientas de Él.”
Cuando ingrese al MVC muchas personas me contaron las experiencias únicas, inolvidables y de especial encuentro con el Señor que vivieron cuando se fueron de misiones a diversos pueblos del país y desde ese momento esperaba con ansías la oportunidad de irme por primera vez de Misiones. Hasta que en Junio, me invitaron a participar a estás experiencias.
La primera dificultad por la que tuve que pasar era conseguir el dinero necesario para costearme los pasajes pero confiando de que el Señor me proveería no me preocupaba mucho por ello, dicho y hecho, en una semana mis hermanos y amigos me colaboraron para juntar lo necesario. Y es así que luego de explicar en casa mi decisión de irme de Misiones, el jueves a las 6:00 p.m. nos encontrábamos en un bus partiendo hacia el destino que Dios nos había trazado. Luís Felipe y Martín se encontraban a cargo de nosotros, 14 chicos, quienes llenos de deseos de llevar la palabra de Dios a nuestros hermanos y claro que también llevar algunos regalos como: rosarios, escapularios, libros para la escuela; sin contar la cantidad de sopas, purés y refrescos instantáneos…¿Quien cocinaría aya?
Viajamos por 24 horas para llegar a Castrovirreyna, camino a Huancavelica pasamos por zonas altas como: Ticlio donde mi cabeza y estómago daba vueltas y ya en la ruta que nos llevaba al mismo pueblo conocimos la laguna de Cloclococha a 5300 msnm, era la primera vez que vi granizo. Al llegar, fuimos recibidos en la casa del Padre, pero el P. Néstor no se encontraba, regresaría en la madrugada, lo que nos dio tiempo para descansar y recupera fuerzas. Pero el hambre apremiaba y es así que nos despertamos en la madrugada para cocinar. Ya en la mañana del sábado, estando ya todos mejor y en compañía del Padre, pudimos desayunar juntos y comenzar a repartir las tareas, a partir de ahora ya no éramos solo un grupo sino una comunidad, yo no conocía muy a bien a todos pero sabía que era una excelente oportunidad para forjar una buenas amistades entorno al Señor Jesús. Y es así que el sábado y domingo comenzaríamos por convocar a los niños en las mañanas y en la tarde la catequesis, continuada del rezo del Rosario para terminar el día con la celebración de la Misa. El mismo sábado me tocó cocinar junto con Juan Pablo, no nos fue nada mal. Lo que más me gustaba en la hora de las comidas era ese deseo de compartir hasta el único pedazo de pan o queso que nos quedaba, ya no era pensar en el bienestar de uno mismo sino en el de la comunidad.
En la tarde, cuando llegaron los niños me sentí abrumado y temeroso por ver las ansías con que nos esperaban pero me puse a pensar si el Señor me había permitido ir y yo había viajado tanto de nada me servía que me atemoricé, fue donde decidí abrir mi corazón al apostolado y al amor a mis hermanos de Castrovirreyna, creo que mis amigos sintieron lo mismo; es así empezamos con nuestro labor. Nunca me imaginé que iba a bailar el “Tallarín” o cantar “Mis dos mamas” o “El Corderito”, es algo que de solo acordarme aun siento esa sensación de ser realmente útil
A la explanada de la iglesia acudieron muchos jóvenes como nosotros y gran cantidad de niños, hicimos catequesis, aprendimos canciones y nos divertimos. Ya durante la semana, nos dividimos en grupos para acudir al colegio y otros a la escuela de niños, indudablemente decidí ir a la escuela, cada día era un nuevo tema de catequesis y a cada salón que entrábamos nos pedían que cantáramos y bailáramos con ellos; las canciones “Mis dos mamas” y “El Padre Abraham” se convirtieron en nuestros éxitos musicales. Y claro que durante toda la semana más y más chicos y niños nos esperaban en la tarde para conversar, jugar, cantar y especialmente rezar.
Junto con mis otros hermanos misioneros llegamos también ir a poblados anexos de Castrovirreyna, como Cinto y Santa Ana. Definitivamente irnos de mis misiones nos acercaba a una realidad más dura que no la percibimos en Lima pero quizás ellos sufrían necesidades materiales pero eran abundantes en tesoros espirituales, a cada momento nos entregaban su amor sincero,. Esto descartó la idea con la que partí de mi casa porque yo creía que iba a darme a los demás pero me di cuenta que lo que había dado no era ni el 2% de todas gracias que había recibido.
Otra de las cosas que me encantaron fueron nuestros momentos de oración, ya que diariamente asistíamos a misa, visitamos el Santísimo, realizábamos lecturas bíblicas y nos dábamos tiempo para rezarle el rosario a María. Estos tiempos de reflexión, de hecho me hicieron reflexionar sobre el por qué de la misión, si es que estaba cumpliendo con lo que Dios me pedía pero principalmente me servía para que Señor me diera más fuerzas para poder los retos y poder hacer un buen apostolado.
Así trascurrió nuestra semana de misiones, entre visitas a la escuela y tarde de diversión y Oración. La última noche preparamos un Vía Crusis, con el que recorrimos las principales calles del pueblo, simplemente estuvo genial, a todos les encanto: niños, jóvenes y adultos. Esa misma noche aprovechamos para despedirnos de todos, fue muy triste dejarlos porque ya se habían convertido parte de nosotros, no puedo negar que tuve ganas de derramar lágrimas de despedida pero sabía que por más que la distancia nos separara, siempre estaríamos juntos espiritualmente.
Antes de irnos del pueblo, juntos llegamos a una conclusión: No hay malestar o dolor físico que se pudiera menoscabar el gozo espiritual que habíamos sentido al llevar la palabra de Dios a nuestros hermanos de Castrovirreyna.
Solo me queda decir que: Era cierto lo que cada persona me contó acerca de sus experiencias en misiones, que son únicas, inolvidables, de bastante esfuerzo físico, con espacios de oración intensa y especialmente de encontrarse con el Señor a través del rostro sufriente de nuestros hermanos, lo único que yo hacía era seguir la invitación del Señor, de llevar un poco más de esperanza a tantas personas tan hambrientas de Él. |