AGRUPADOS MARIANOS
José Farro.- (15 años, Colegio Nuestra Señora de la Reconciliación)
“…No me podía negar, era tan grande y tan exigente el ideal de vida que acababa de conocer…”
Nunca había pensado, tener frente a mí una realidad que nunca había experimentado, un tipo de vida que nunca hubiera imaginado vivir. Mi vida de escolar era como la de cualquiera, amigos, estudios, juegos, etc, pero ante una invitación para participar de CONVIVIO, empecé a tomar resoluciones serias en mi vida. No pensé que terminaría todo ahí, pues después del CONVIVIO llegaron muchas experiencias mas, fue algo así como una lluvia de voces que me invitaban a algo mas grande, a una vida mas plena, a unos amigos verdaderos. No me podía negar, era tan grande y tan exigente el ideal de vida que acababa de conocer, que me conmovía cada segundo, y más allá de mis debilidades, había algo que no me dejaba darme por vencido: era el Señor Jesús.
En esas nuevas experiencias, noté que el mundo esta inmerso en una crisis la cual, yo me descubría llamado a responder, a dar un poco más de esperanza y ánimo, y así, a finales del 2005 salio la posibilidad de ir de misiones a Yungay. Acepté sin titubear, era la oportunidad de ayudar a aquellos que no tenían nada e incluso no conocían al Señor. “…la vida cristiana es una aventura fascinante que nunca me dejará de sorprenderme.”
Digamos, que de en cierta forma esta fue la gota que colmo el vaso. En misiones viví una experiencia de Dios que barrió totalmente mis dudas y problemas personales. Él estaba presente a cada momento, en cada mirada, en cada movimiento, En aquel espacio de ensimismamiento y despego del mundo fue donde decidí cambiar. En misiones decidí dejar la indeferencia y la monotonía de la vida que había estado llevando hasta ese momento, decidí esforzarme al máximo por ser cada día un mejor cristiano, con todo lo que ello implique.
También, hace poco tuve la oportunidad de participar de un encuentro con el Santo Padre en Roma, y visitar los principales Santuarios Marianos de Lourdes y Fátima. Mi corazón se lleno de todo lo que te pueden transmitir esos lugares santos, fue allí, en Roma, donde me di cuenta de lo grande y valiosa que era nuestra Iglesia y de la gran responsabilidad que tengo de defenderla, evangelizarla y responder a todos sus cuestionamientos.
Camine, toque y recé ante la tumba de tantos mártires, y de algunos apóstoles, pidiéndoles más fe, para entender tantas cosas, tanta belleza y tanto amor. Fue una experiencia muy grata de encuentro con el Señor y conmigo mismo, visitar los santuarios donde la Virgen se le apareció a corazones tan puros me hizo anhelar un corazón igual.
En todo el tiempo que ha pasado desde aquellos meses, he ido creciendo en la Fe y en el amor al Señor. Es claro, siempre existieron, pero nada es tan grande y tan complicado como para no poder resolverlo. Ahora rezo pidiéndole al Señor que me conceda cada vez un corazón más grande para amar. La vida cristiana es una aventura fascinante que nunca me dejara de sorprenderme.
Andrea Rodríguez.- (16 años, Colegio Matter Puríssima)
“…el único que puede llenar ese vacío, el que me puede darlo todo y no quitarme nada es ¡El Señor Jesús!.”
Como toda joven quinceañera, disfrutaba de la moda, la música, las reuniones con mis amigos… los conciertos…, pero también como joven, con un corazón joven que pide y pide cada día más insistentemente, me anime a conocer nuevos rumbos.
Mi familia es católica, con una historia común, pero que en el fondo yo evadía, no por egoísmo sino porque consideraba que el centro de todo era yo misma: la Andrea soberbia, engreída y resentida, que no era mala, pero tampoco muy, muy buena…
Hace unos meses, estaba en cuarto año de secundaria preparándome para el sacramento de la confirmación, de alguna manera ese tiempo fue muy especial, pero lo más importante fue el encontrarme con jóvenes como yo, de distintas realidades, colegios, edades, etc, quienes compartíamos algo muy grande en común y a los cuales yo veía alegres, que vivían con pasión y en comunidad el amor por el mismo que se entrego por nosotros en un madero: ¡El Señor Jesús!.
Esta experiencia me cuestionó pero, no todo quedo ah!, mi verdadero compromiso nace, por la necesidad y el llamado de servir a los demás, de estar más cerca del necesitado, del dolor, aquellos quienes en mi forman parte de mi camino hacia la Santidad…
Todos los años, en el MVC, organizamos campañas solidarias, por Navidad, en las cuales no participe mucho, incluso no comprendía bien la dinámica, pero fue ese preciso momento en el cual el Señor sembró en mí la semillita que me haga decir: de este lugar no me muevo.
“… es para mí un medio de profundo despliegue, de encuentro y conversión”
Luego, en esa búsqueda y constante cuestionamiento, recibí una casual invitación, que para mí es perfecta!!!. El ser voluntaria en el Hospital del Niño, con SILOÉ, una asociación del MVC.
Ir al Hospital, es para mí un medio de profundo despliegue, de encuentro y conversión, cada domingo junto con algunos amigos, los cuales también forman parte de este tiempo de conversión, y con los cuales he aprendido el verdadero sentido de la amistad y a ser mejor cristiana día a día, recorro el pabellón de niños quemados, en el cual hasta he querido adoptar a dos niños, no saben, cuánto puedo aprender, el llevarlos a Misa, el acompañarlos en la catequesis, en su revista médica, a la hora del almuerzo, me educa a ser más sencilla, más preocupada por mi misma y no renegar de mis carencias.
No voy a negarles que el primer día fue difícil, y me moría de miedo, pero poco a poco fui dándome cuenta de que en medio de ese dolor, de esa soledad, de ese llamado a darle la mano a un paciente sufriente, está el mismo Señor Jesús, el cual por medio de estos niños me permite conocerme, madurar y crecer en mi fe.
En fin, esta es la experiencia más grande que atesoro, y hoy como agrupada mariana, mi vida, no ha cambiado sino que ha encontrado un nuevo sentido, que cobra un horizonte con una dirección exacta… hacia la Santidad, porque ¡quiero ser feliz!, porque ¡quiero cambiar este mundo!, y enseñarles a mi familia y amigos, mediante mi testimonio, que el único que puede llenar ese vacío, el que me puede darlo todo y no quitarme nada es ¡El Señor Jesús!.
Miguel Ríos.- (16 años Colegio Nuestra Señora de La Reconciliación)
“Fue ahí donde comenzó una gran búsqueda, de algo lo suficientemente grande para llenar un vacío infinito, un anhelo infinito de felicidad…”
Con el corazón inquieto, me di cuenta de que me faltaba algo en mi vida, de que por más comodidad y supuestas seguridades que podía tener no estaba completo, no era feliz. Fue ahí donde comenzó una gran búsqueda, de algo lo suficientemente grande para llenar un vacío infinito, un anhelo infinito de felicidad.
Conforme pasaban los meses me di cuenta de que la Única y verdadera respuesta a mi vida era El Señor Jesús, poco a poco tome mi vida cristiana con responsabilidad, y aunque no pude negar que tuve muchos altibajos, siempre había alguien; uno de los verdaderos amigos en Cristo que iba forjando, que me ayudaba a pararme y seguir adelante.
Llevar una vida Cristiana responsable y coherente no es fácil, el mundo no esta diseñado para eso, pero siempre están los verdaderos amigos que te ayudan a remar literalmente contra la corriente.
Tuve muchas experiencias de encuentro con el Señor Jesús, desde cosas muy sencillas donde el Señor me hablaba directo al corazón hasta experiencias intensas, como un retiro, en el cual literalmente había diálogos de corazones abiertos y fue ahí donde me di cuenta de que el único gran ideal que debía trazar en mi vida brotaba del Señor, y así de esa forma alcanzar la felicidad, alcanzar mi Santidad.
Marisela Romero.- (16 años – Agrupada Mariana)
“…asumí con responsabilidad la gran tarea de testimoniar desde la verdad y con humildad la grandeza de ser cristiano.”
No había nada más bello, que la propia creación, la misma naturaleza, quién me invito a reflexionar sobre mi vida cristiana. Así, fue como me vinculé en MARÍA GUÍA, en un DYN (Dios y Naturaleza), un campamento que busca compartir entre amigos el verdadero sentido y centro de esa amistad que brota del mismo Jesús, en esos días de juegos y de intensa comunicación con el Señor, descubrí que había sido llamada para algo grande, para aportar, desde mi juventud a la evangelización de los hombres, necesitados de Dios.
Pronto, fui de misiones a Huaraz, esa experiencia cercana a tantas necesidades, despertó en mí ese gran anhelo por querer cambiar el mundo, por buscar, como decía Juan Pablo II, un pueblo más fraterno y reconciliado.
Mi vida cristiana iba creciendo, y mi compromiso con el Señor también, asumí con responsabilidad la gran tarea de testimoniar desde la verdad y con humildad la grandeza de ser cristiano.
En Mayo, de este año, participé del Encuentro de Movimientos Eclesiales, en Roma, junto al Papa Benedicto XVI. Este viaje para mí fue alucinante porque viví muchas cosas importantes, el sentir que me estaba comprometiendo más con el Señor y poder ver que habían muchas personas que buscaban lo mismo y que querían anunciar al Señor en todo momento, a cada instante, de la manera más sencilla, desde su cotidianidad.
Fue una aventura de renovación y confirmación, desde la Sede de Pedro, el Señor me invitaba a participar más de la misión de la Iglesia, como Movimiento, como Agrupada. Y a pesar de mis limitaciones, miedos y dudas siento a Cristo presente, definitivamente no estoy sola en el camino que escogí, porque Él me acompaña, me da medios y personas concretas para seguir en este peregrinar hacia la Santidad, pudiendo confirmar que es el único con quien podré alcanzar mis más profundos anhelos de felicidad.
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